Introducción de Marcelo Pichon Rivière


En uno de sus ensayos sobre la fotografía, John  Berger señala que Paul Strand es la antítesis de Henri Cartier-Bresson. El momento fotográfico de Cartier-Bresson es un instante, una fracción de segundo; Strand, en cambio, nunca juega con lo accidental. Sus fotos se distinguen por su carácter intencionado y su frontalidad. "Strand no está a la caza y captura del instante, sino que hace que surja el momento del mismo modo que uno podría incitar a la narración de un cuento".
Sitúa su cámara como si fuera un oyente, dice Berger. Y los paisajes y objetos se narran a sí mismos.
Juan Travnik trabaja del mismo modo. Cada toma es deliberada, depurada, sin efectismos, casi siempre frontal. Busca que las cosas se narren a sí mismas. Y lo narrativo, hay que destacarlo, no es lo anecdótico.
Lo que cuenta - y la que cuenta - es la foto.
En esta muestra, Travnik trabaja con la equívoca neutralidad de los objetos y los paisajes. Las tomas son directas, pero hay algo en la luz y en las figuras inanimadas que nos inquieta. Hay algo que se nos cuenta. Un misterio que hay que revelar. Un cuento que la cámara - el oyente - ha escuchado, pero que se calla. Sólo muestra las evidencias menos evidentes, para que nosotros resolvamos el misterio.

Marcelo Pichon Rivière.
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